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Celebralia: bodas, bautizos y comuniones en una sola feria

Tras seis años de afianzamiento, Celebralia organiza su feria más célebre dedicada las últimas tendencias y novedades en bodas y todo tipo de celebraciones. El evento tendrá lugar los días 20, 21 y 22 de noviembre en las instalaciones del recinto ferial IFAB de Albacete.

El recinto acogerá numerosos stands –se espera superar los 64 stands del año pasado- donde los visitantes podrán encontrar todos los servicios y productos que trae consigo la celebración de una boda u otro tipo de festejo. Así, estarán presentes empresas de restauración, de hospedaje, agencias de viajes y de alquiler de automóviles y profesionales de la fotografía y de la decoración, entre muchos otros.

El salón está dirigido tanto a profesionales del sector (empresarios de restauración, del sector textil, hotelero, fotógrafos, decoradores, floristas, pasteleros, ebanistas, etc.), así como al público en general que tenga especial interés para que el diseño del acontecimiento más importante de su vida sea inolvidable tanto para él como para sus invitados.

Como cada año, esta feria contará con actividades variopintas tales como actuaciones musicales, magia, bailes de salón y con los clásicos y esperados desfiles de novia: un espectáculo ineludible para quien quiera disfrutar de esta feria.

Y como ya viene siendo habitual, se celebrarán los tradicionales sorteos entre los asistentes al certamen, con premios patrocinados por las firmas participantes en la feria, entre los que destacan, además de las consabidas noches de hotel y vales para centros de spa, un bono para clases de equitación y varias entradas para espectáculos de teatro circense por parte de la entidad Cultural Albacete.

Al certamen se podrá llegar tanto en transporte público como en privado, con una zona habilitada para aparcamiento de coches. Los grupos contarán con descuentos especiales.

Gracias a Celebralia, Albacete se convierte, una vez más, en el epicentro del acontecimiento más romántico que puede tener un ser humano: el enlace matrimonial. Y es que el elemento que acapara más miradas entre los testigos de este evento no es otro que el vestido de la novia, en el que indudablemente existen muchas más variedades y combinaciones que en el del novio.

Una de las curiosidades de esta prenda es que, según estudios empíricos realizados en España por organizaciones de consumidores, la novia pasa por hasta 5 tiendas especializadas llegando a probarse hasta 20 vestidos diferentes antes de dar con el suyo. ¿El clásico vestido blanco o uno de color? ¿De seda o de encaje? La oferta es cada vez más amplia y la elección no solo estriba en la personalidad de la novia, sino en las circunstancias del evento. Así, la decisión no tiene que ver solamente con la capacidad adquisitiva de los contrayentes, sino también con en el contexto formal o menos tradicional del enlace. Ya no nos es raro que el blanco o habitual estilo "all white" de la novia case con unos pantalones en lugar de la tradicional cola.

Los zapatos y complementos cobran también su especial protagonismo. Estos pueden ser de tacón (la medida ideal, según los expertos, sería entre los 5 y los 9 centímetros), cómodas sandalias “lace up” o rompedores y con colores a la última moda. El calzado de la novia es el complemento más importante de su vestido, antes incluso que el velo, la corona o el ramo de flores. Los “closed-toe” marcan la tendencia actual y devuelven el protagonismo al vestido, aunque en temporada de verano se admiten los “open-toe”. Además, están cogiendo fuerza los zapatos joya, que marcan un toque principalmente novelesco o de cuento de hadas.

Tras los zapatos, el ramo es la pieza clave durante y después de la ceremonia, cuando la novia lo lanza y otorga el relevo a la protagonista del próximo enlace. Los nuevos ramos de novia están marcados por el colorido y la originalidad, revestidos con rosas de color intenso y rematados con pompones y broches. También destacan los formados con plantas suculentas, las cuales, gracias a su poca necesidad de agua, se conservan durante un período de tiempo infinitamente superior a los formados por flores tradicionales. También llaman a la puerta de la novedad los "bouquets" desestructurados a base de plantas silvestres (el laurel, el olivo, la yedra y el eucalipto), las cuales, además, pueden servir para decorar las sillas de la ceremonia.

Pero si hay algo que realmente capta la atención de los invitados es la alianza, el elemento con el que los novios sellan su compromiso de amor eterno y que ya desde tiempos pre-romanos se usaba con idéntico simbolismo. El hecho de que este complemento trascenderá a la celebración -pues los contrayentes lo llevarán siempre- y que suele ser uno de los complementos más caros, hace del anillo un elemento crítico. El clásico anillo de oro y liso da paso a otras variantes que resultan, si no igual, más atractivas. Hermanadas con la alianza están otras piezas de bisutería complementarias como las pulseras con piedras preciosas, los pendientes, las gargantillas y, incluso, los collares de perlas.

Cuando el “sí quiero” pasa de las puertas de la iglesia a la intimidad de la habitación la primera noche después de la boda, el aspecto interior de la novia es tan importante como el exterior. Por eso, las tendencias en ropa interior las marcan los sujetadores "push-up", las braguitas a juego con ligueros, los tonos pálidos para un perfil más romántico o los colores más oscuros al más puro estilo "Burlesque".

En cuanto al novio, contrariamente a lo que la gente cree, este no se queda atrás en el elenco de miradas, comentarios y aprobaciones de los comensales. Cada vez más, se ha creado un estilo que ha pasado del clásico negro a vestirse como un verdadero "dandy", con combinaciones elegantísimas que poco tienen que envidiar a las clásicas. Pueden encontrarse conjuntos más atrevidos y originales como los "looks" de marinero, las combinaciones de corbata con calcetines de colores o detalles más sutiles como, por ejemplo, los pañuelos de seda natural o los zapatos artesanales hechos a mano.

Los detalles también marcan tendencias que cambian con el tiempo, al mismo ritmo que los trajes de la novia y el novio (y claro está, el de los invitados o invitadas). Los motivos de decoración de interiores y exteriores a base de adornos colgantes multicolores como molinillos de viento o banderines hacen del espacio del evento un micro-universo de fantasía que bien puede vestirse con el tradicional blanco y sus tonalidades (blanco crudo, roto o marfil) o transformarse en verdaderos paraísos del color donde su contraste es el mayor de sus desafíos.

La decoración de las mesas también es sutil a las nuevas tendencias, siendo el efecto de personalizarlas a base de botellas de cristal recicladas una de sus mayores bazas. En todo caso un efecto más original (y económico) que los típicos arreglos florales de toda la vida.

Los invitados tampoco estarán exentos de ser el centro de las nuevas tendencias y podrán valorar su importancia desde la recepción de una original invitación "save-the-date", hasta la recepción de detalles personalizados que se llevarán como recuerdo. Y es que en estos tiempos, se tiende a cambiar los típicos jabones y botellas de vino por detalles personalizados con el nombre del comensal grabado, desplazando así el “noviocentrismo”.

El vehículo en el que abandonan la ceremonia los novios, también es un indispensable para una boda. Las tendencias llevan a realizar guiños al pasado con coches de alquiler de estilo "vintage". Estos provocan efectos tan inesperados como entrañables. ¿Qué pareja de novios no ha soñado con que les venga a recoger un coche antiguo a las puertas de la iglesia, después de pronunciar el tan ansiado “sí, quiero”?

Un Renault de antes de la Guerra Civil, carrocerías cuidadas hasta el más mínimo detalle, hacen de los coches antiguos un viaje al pasado y del traslado al banquete un paseo memorable tanto para los recién casados como para los invitados, que recordarán los autos en los que posaron para hacerse las fotos; además de para los padres y abuelos de los novios, testimonios vívidos de cuando esas piezas de coleccionista rodaban habitualmente por las calles.

Todas estas tendencias se perderían en la retina del recuerdo sin la figura del fotógrafo. Las tendencias no sólo las marca la frescura y calidad de resolución de las instantáneas, sino un equipo de trabajo más moderno y sofisticado que le convierte en un verdadero documentalista de enlaces y festividades celebradas por todo lo alto. Está por ver si, como se rumorea por ciertos círculos profesionales, los drones pasarán de servir en el campo de batalla del ejército a grabar desde el aire y diferentes ángulos los enlaces matrimoniales, captando los matices desde diferentes perspectivas y sin la risa forzada de los asistentes ante la presencia del profesional.

Dice el dicho que en la mesa y en el juego se conoce al caballero. En las bodas, comuniones y cumpleaños, así como en las celebraciones de empresa, el convite es el rey. Y si hay algo en lo que la globalización del siglo XXI ha marcado el enlace matrimonial, ha sido el menú del banquete: degustaciones de Oriente Medio a base de cuscús y del Sudeste asiático con manjares a base de sushi se combinan con el jamón de bellota ibérico, las ostras y otras delicias mediterráneas, ofreciendo un cocktail de bienvenida y un menú multicultural. Un crisol gastronómico de sabores y olores, inimaginable para cualquier paladar de hace unas décadas.
Claro está, las nuevas tendencias son incluir menús personalizados, menús especiales: para celíacos, sin gluten, para veganos o de cultivo biológico y hasta menús acordes con las modernas dietas “paleo” (originales del paleolítico), abundantes en carnes poco hechas y todo tipo de comida sin cocinar, como frutas, frutos secos, vegetales, etc.

Pero en el banquete, el rey es sin duda el pastel. Si ha habido una tendencia que ha marcado la elaboración de las tartas de boda en 2015, ésta ha sido la ausencia de cualquier tipo de cobertura sobre la misma. Los acabados "fondant", "frosting" o 'topes' han desnudado una tarta en la que ha sido el relleno la sorpresa que ha desbancado al glaseado. Eso sí, siempre acabadas con adornos de flores para mantener ese toque romántico indisociable a toda tarta nupcial.

Y tras la boda, la aventura. La luna de miel es la postergación del cuento de hadas que empezó en una iglesia.Los destinos que se estilan y proponen las agencias de viajes destacan por su versatilidad, por ejemplo, en el sur del Pacífico, recomiendan la exótica Tahití y la isla de Bora Bora, popularmente conocida como la isla del amor, donde la recepción con el "lei" de flores y la despedida con el collar de conchas ya es un clásico.

París sigue siendo y seguirá siendo la capital del amor. Sus paseos por los puentes y canales a orillas del Sena, su legado histórico como la catedral de Notre Dame y museos como el Louvre, unidos a su exquisita vida nocturna, hacen de la capital un destino tan tradicional como ineludible, vengan las tendencias que vengan.

Seguida de París, está Venecia y sus paseos románticos en góndola por sus canales de agua. Contrariamente a lo que la gente piensa, Venecia está formada por un conjunto de 117 islas diminutas y sus callejuelas y edificios antiguos siguen siendo un reclamo idílico para recién casados.

Bali, en Indonesia, destaca por su romanticismo, su gente hospitalaria, sus paisajes naturales y la cantidad de actividades acuáticas que pueden incluirse en el menú de la luna de miel (buceo, surf…). Aquí, dormir en una habitación que quede por encima del nivel del agua ya no es una fábula.

Los cruceros por las islas griegas también ofrecen un escapismo sin igual. En esta luna de miel itinerante, se disfruta tanto de la comida tradicional de esta parte del Mediterráneo oriental como de los retazos de historia que va surcando la embarcación.

O si lo que se desea es tierra firme, ninguna playa es tan bonita y especial como las playas de las Bahamas. De arena blanca y agua azul turquesa, estos remansos de paz ofrecen los atardeceres más idílicos del planeta.

Pero si la boda es en otoño o invierno, el destino por excelencia es Vail, en Colorado, donde la playa se cambia por las pistas de esquí, las pistas de hielo, los spas y los centros comerciales para ir de compras.

Porque, al fin y al cabo, una boda es como un diamante, una boda es para siempre.

Rosa María García Álvarez

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